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lunes, 10 de junio de 2013

En Göttingen no hay "gorrillas", hay parquímetros

Una de las cosas que más llaman la atención de Göttingen es la cantidad de bicicletas que circulan por la calle, todas las aceras y recovecos están repletos de bicis aparcadas y constantemente vemos a gente, desde los más mayores a los más pequeños, desplazarse por este medio.
Ahora bien, uno puede preguntarse la razón de esta práctica. ¿Están concienciados con el medio ambiente? ¿les parece una saludable forma de hacer ejercicio? Quizá todas las opciones son correctas, o ninguna. Yo, por mi parte, propongo otra… por tacaños.
Sí señores, por tacaños. Recuerdo ver las protestas en el telediario de los madrileños por la cantidad de parquímetros que el alcalde les había puesto y que les obligaba a pagar por aparcar en casi cualquier sitio, según decían. Pues bien, aquí pasa igual. No he visto en toda mi vida una mayor concentración de parquímetros en tan poco espacio. Hay que pagar en  todas partes, incluso en barrios residenciales como en el que yo vivo, hay montones de esas infernales maquinitas. Es una buena razón para usar la bicicleta, porque si no se nos puede ir un presupuesto para poder desplazarnos de un sitio a otro. Así que si en algún momento eligen visitar Göttingen, procuren llevar calderilla en el bolsillo.


Ah, se me olvidaba, por si alguno se lo había preguntado, aquí no hay "gorrillas", je, je.

domingo, 9 de junio de 2013

Göttingen, la ciudad del conocimiento

La primera vez que escuché el nombre de esta ciudad fue a propósito de algunos libros que mi director de tesis me había mandado leer sobre matemáticas. El resultado es que investigar sobre este tema me llevó a descubrir que distintos científicos punteros del pasado tenían todos un denominador común: Göttingen.

Científicos como Gauss, Weber, Klein, Riemann, Minkowski o Hilbert fueron sólo algunos de los distinguidos habitantes de esta ciudad, que ha acogido a decenas de premios Nobel; y en la actualidad alberga varias sedes del Instituto Max Planck y el centro de investigación alemán para el espacio. El Instituto Max Planck del que hablo surgió después de la Segunda Guerra Mundial para ocupar el lugar que había dejado el Instituto Kaiser Guillermo, fundado en 1.911 y que fue creado para la investigación científica en múltiples ramas. En él estuvieron Einstein, Fritz Haber, Otto Hann, Max von Laue, vamos, una ristra de premios Nobel. Pues como decía, varias de las sedes del Instituto se encuentran en esta ciudad.

Göttingen está llena de placas que señalan dónde vivieron y en qué época las mayores figuras, y los nombres de las calles también rinden tributo a estos personajes.

Podemos ver, por ejemplo, como en la misma calle, con un par de casas de diferencia, estuvieron viviendo aquí premios Nobel como Max Planck, fundador de la teoría cuántica y Werner Heisemberg, que descubrió el principio de incertidumbre que lleva su nombre ¡al mismo tiempo! Esto da una idea de hasta dónde llega la cosa.




El matemático Hermann Weyl, autor de “Symmetry” también vivió aquí, y precisamente casi enfrente del Goethe Institut.
Bernard Riemann, fundador de la geometría que lleva su nombre también estuvo aquí en el siglo XIX.






No sólo científicos, sino también el Canciller de Hierro, Otto von Bismarck residió aquí, aunque dicen que se dedicó a cosas más mundanas que el estudio de la carrera de Derecho, que era a lo que se supone que había venido.


viernes, 7 de junio de 2013

Un paseo de muerte

Göttingen es una ciudad llena de zonas verdes, con un parque que rodea todo el casco antiguo por donde pasaba la antigua muralla, muchos árboles, etc. Es un sitio ideal para pasear con la familia, para que jueguen los niños, que los perros corran y hagan sus cositas… ( ya sacaré un día un WC para perros que he visto en el centro )
Pero ocurre que el otro día, iba andando para el centro desde el Instituto y se me ocurrió tomar un atajo por un parquecito que hay no lejos de donde vivo. Desde la otra calle había visto gente entrando con carritos de niño y similares y pensé que era mejor eso que ir por el frío asfalto. Mi sorpresa fue que lo primero que vi al traspasar el seto no fueron unos columpios precisamente, lo que vi fueron….¡TUMBAS!



Si señores, tumbas con todas las letras. En cuanto me metí un poco más en el parque ya fue cuando vi a la gente tirándole la pelotita a los perros y al fondo una zona con juegos infantiles. Otras veces que he pasado lo que he visto ha sido gente haciendo barbacoas y tal, con toda naturalidad en medio de un cementerio. Eso sí, las tumbas no las tocaban, si hubiera sido en España, las tumbas aparecerían los domingos por la mañana llenas de vasos de plástico y restos del botellón.
De todas formas no me resulto del todo extraño porque ya había visto algo similar en Múnich en un programa de estos de “Españoles por el mundo”. Por cierto, que no me extrañaría que dentro de nada empezaran a aflorar los programas “Españoles en España”, porque con la cantidad de gente que se está yendo, lo mismo hasta tiene audiencia.

Así que ya saben, si quieren que sus hijos se lo pasen de muerte, ¡qué mejor que llevarles a jugar al cementerio!  

¡Llega el fin de semana!

Ya es viernes y se han terminado las clases hasta la semana que viene por fin. No he podido actualizar de nuevo el blog porque el ritmo de estudio es alto y más si se supone que estás en un nivel superior al que esperabas.
Damos unas 4 horas al día de clase, bastante intensas, ya que son íntegramente en alemán y la profesora habla a un ritmo normal, no especialmente lento para que se la entienda mejor ( a toda leche, vamos ). Hay que estar concentrado, y por ejemplo, si te pones a tomar apuntes ya no te enteras de un pimiento. De todas formas las clases son amenas y más o menos se pasan bien, poco a poco se va uno acostumbrando al idioma.
En clase hay gente de todas las nacionalidades: Estados Unidos, Argentina, Venezuela, Arabia Saudí, Turquía, Japón, Libia, Brasil… y en el instituto en general un montón más, Irán, Corea del Sur, México, Costa Rica, etc. Lo que sí creo es que soy el único español de por aquí.
En cuanto a actividades, el martes hicimos un tour por la ciudad con una chica del instituto, que nos enseñó algunos sitios típicos de aquí, pero sobre todo prácticos, por ejemplo sitios donde comprar teléfonos móviles, material de papelería, supermercados baratos, etc.  Fue cortito pero entretenido al menos.
El miércoles la visita ya era con un guía profesional. Nos ofrecieron la posibilidad de hacer el tour en alemán y en inglés, y yo le eché narices y cogí el alemán, aunque obviamente me enteré menos que si hubiera ido al otro. Dimos unas cuantas vueltas por ahí con la guía, que era una señora muy simpática y con unas uñas de los pies que le permiten caminar por la nieve en invierno sin escurrirse.
Ayer jueves hubo una sesión de conversación en grupo para el que quisiera apuntarse. Para mi sorpresa no era con los profesores, sino con una entrañable septuagenaria que debe ser miembro del Club de Aficionados a los Calcetines Blancos con Zapatos Negros, del que creo que en Alemania hay muchos con carné.
Esa ha sido la semana, todas las tardes unas 3 horitas de estudio combinadas con 1-2 horas de vídeos o documentales en alemán para hacer oído. Menos mal que ahora hay un poco de descanso, aunque han mandado bastantes cosas que corregiremos el lunes.
Lo que se hace raro ( en el mejor sentido de la palabra, desde luego ) es ir sin el móvil en el bolsillo, sin ver las noticias… Como en la habitación no hay televisión no tengo ni idea de lo que pasa por ahí, y con la cosa del estudio hasta se me olvida mirar el periódico por internet. De hecho me han preguntado si hay inundaciones por aquí, ya que dicen que ha habido una catástrofe de esas en el país y ni me he enterado. De todas formas, las noticias, es casi mejor no mirarlas, la verdad, esperaré a que me las cuenten.
Pero bueno, lo mejor es que llega el fin de semana....

lunes, 3 de junio de 2013

Mi primer día en el Goethe

El lunes empezó muuuy temprano. Después de conseguir cerrar la maleta, hazaña con un mérito reseñable, fui a recepción a que me reembolsaran el depósito de las llaves y me devolvieran mi carnet de alberguista. Grande fue mi sorpresa cuando la criaturita que había en recepción me entregó un papelajo ( el carnet no sé si por una semana o un mes, el mío es por un año y es de plástico ) y al leerlo veo que pone el nombre y la dirección de un tailandés. El chaval me vio el careto y seguramente se preguntó: “Aquí pasa algo” ( hago la traducción simultánea del alemán al español ). Menos mal que el tailandés en cuestión también venía al Goethe y lo arreglaron todo para que en la recepción nos volviéramos a intercambiar los carnets. Empezaba bien el día.

Pero lo peor venía ahora.

Una maleta de 30 kg ( según decía la báscula ) y 10 kg de mochila en la espalda me esperaban. En realidad el albergue está del Instituto Goethe a unos 10-12 minutos andando, pero claro, eso si vas descargado. Además otro detallito, en el que sólo reparé cuando las manos se me empezaron a poner rojas: la mayor parte del trayecto era CUESTA ARRIBA. Sí señor, cuesta arriba, con un par. Cuando llegué al Instituto, en vez de una mascarilla de oxígeno que era lo que necesitaba, la amable chica de recepción me devolvió mi carnet de alberguista, que en ese momento me importaba un montón.

Después de que me dieran la carpeta de bienvenida, me llevé otra sorpresa. No era suficiente con el examen que hice hace un par de semanas por internet, aún había más. Ya sabía que tenía que hacer una prueba oral, pero no me imaginaba que tuviera que hacer algo escrito. Ya con el aliento más o menos recuperado, hice la entrevista, unos 15 minutos respondiendo a un sinfín de preguntas en alemán, y de repente, la señora que estaba conmigo marcó en la hoja de nivel un B1.2, que era casualmente lo que había salido en mi prueba de nivel enviada por internet, y que era algo que yo desconocía. Pero como todo trasdós tiene su intradós, después, al hacer la prueba escrita, no me dejaron hacer la fácil, sino la de los niveles B2 para arriba, con lo que ya se pueden imaginar las patadas que he debido darle a la lengua de Goethe en los 20 minutitos que duró la prueba. Mañana por la mañana me dirán el nivel que tengo asignado, aunque es muy raro porque yo los cursos los he hecho de A1-A2, y, a pesar de haber visto un sinfín de películas en alemán y haber mejorado un poco el oído, es posible que la razón sea que el listón lo tienen un poco bajo. Ya se verá a partir de mañana.

Lo cierto es que el personal del Instituto Goethe es muy amable y son bastante simpáticos, me imagino que estarán acostumbrados a ver a mucha gente de todas partes del mundo. Por ejemplo, ahora mismo hay en la sala común dos japoneses hablando por skype, uno de ellos hablando a voz en grito, me imagino que pensando que no le entiende nadie ( excepto claro, el otro japonés que está al lado hablando con otra persona ).

El edificio está rodeado de zonas verdes y es todo muy tranquilo. Incluso hay un arroyuelo con un puentecito para cruzarlo.



Estas son las vistas desde la ventana de mi habitación:



Las vistas son bonitas, desde una tercera planta, pero hay un inconveniente, ¿se acuerdan de la maleta y la mochila tan ligeras de las que hablé al principio? Pues sólo les diré tres palabras: no hay ascensor.

En fin, el martes empieza el curso y se acaba el paréntesis de descanso para comenzar con mi nuevo trabajo: aprender alemán.